Dos en uno,
uno partido en dos
donde el adiós
llega inoportuno,
donde rezumo
tanto amor
que de dolor
mis venas nublo.
Gritos en silencios
de la voces roncas,
piel de rocas
disfrazando los miedos,
de los malos intentos
al intentar llegar
donde el jamás
llegó primero.
Sollozos sin red
calléndose al suelo
roto el trapecio
de la misma fe,
echando a perder
el sentirnos nuevos,
en lo malo y lo bueno
de amarnos más que ayer.
Esencia
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