
Dejadme vivir en el claustro
y oráculo de mi sentir,
en el sí hipotecado e incauto
sin desahucio que persuadir.
Dejadme libre entre mis rejas,
reinante senda del ácido latente,
condena perenne abriendo celdas
manteniendo velas combatientes.
Dejadme aunque nadie entienda,
ni mis venas soporten más tumultos,
un indulto al suspiro que me venda
cual prenda retractilada en mi mundo.
Dejadme seguir siendo poeta
no por letras sino por lo sentido,
seguir su latido donde sangre su poema
sentirle cerca porque nunca se ha ido.
Esencia



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