
El fuego tirita a puertas de su apagón,
el corazón se cita con el eterno invierno,
quizás en cuerpo, tal vez con todo mi yo
sin haber razón ni ración que se escape
del aquelarre endiablado de tal dolor.
Se le ha asignado en la grada de los vacíos
un nicho donde dormitar por condena
el amor y la pena que serpean como ríos
los mayores fríos de la subestimación
apagando el color y enterrándolo vivo.
Esencia



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